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sábado, 6 de abril de 2013

the name or not the name ?

"Going   back in a flash over the women I´ve known. It´s like a chain which I´ve forged out of my own misery.  Each one  bound to the other.  A fear of living separate, of staying born.  The door of the womb always on the latch.  Dread and longing.  Deep in the blood the pull of paradise.  The beyond.  Always the beyond.  It must have all started with the navel.  They cut the umbilical cord, give you a slap on the ass, and presto!  you ´re out in the world, adrift, a ship without a rudder.  You look at the stars and then you look at your navel.  You grow eyes everywhere - in the armpits, between the lips, in the roots of your hair, on the soles of your feet.  What is distant becomes near, what is near  becomes distant.  Inner - outer, a constant flux,  a shedding of skins,  a turning inside out.  You drift around like that for years and years, until you find yourself in the dead center, and there you slowly rot, slowly crumble to pieces, get dispersed again.  Only your name remains."

Tropic of Cancer - Henry Miller


viernes, 23 de noviembre de 2012

coincidence between the getting and the giving


"Never, after we parted, did I feel the need of his actual presence; he had given himself completely and I possessed him without being possessed. It was the first, clean, whole experience of friendship, and it was never duplicated by any other friend. He was the symbol personified and consequently entirely satisfactory, hence no longer necessary to me. He himself understood this thoroughly. Perhaps it was the fact of having no father that pushed him alone road toward the discovery of the self, which is the final process of identification with the world and the realization consequently of the uselessness of ties."

The tropic of capricorn - Henry Miller

sábado, 10 de noviembre de 2012

desclasificando al hombre



"Oí pedir trabajo a hombres que habían sido egiptólogos, botánicos, cirujanos, buscadores de oro, profesores de lenguas orientales, músicos, ingenieros, médicos, astrónomos, antropólogos, químicos, matemáticos, alcaldes de ciudades y gobernadores de estados, guardianes de prisiones, vaqueros, leñadores, marineros, piratas de ostras, estibadores, remachadores, dentistas, pintores, escultores, fontaneros, arquitectos, vendedores de mandanga, abortistas, tratantes de blancas, buzos, deshollinadores, labradores, vendedores de ropa, tramperos, guardas de faros, chulos de putas, concejales, senadores, todos los puñeteros oficios que existen bajo el sol, y todos ellos sin blanca, pidiendo trabajo, cigarrillos, un billete de metro ¡una oportunidad, Dios todopoderoso, tan sólo una oportunidad! Ví y llegué a conocer hombres que eran santos, si es que existen santos en este mundo, vi y hablé con sabios, crapulosos y no crapulosos, escuché a hombres que llevaban fuego divino en las entrañas, que podrían haber convencido al Dios Todopoderoso de que eran dignos de otra oportunidad, pero no al vicepresidente de la Compañía Telegráfica Cosmodemónica. Clavado en mi escritorio, viajaba por todo el mundo a la velocidad de un relámpago y descubrí que en todas partes ocurre lo mismo: hambre, humillación, ignorancia, vicio, codicia, extorsión, trapacería, tortura, despotismo: la inhumanidad del hombre para el hombre: las cadenas, los arneses, el dogal, la brida, el látigo, las espuelas. Cuanto mayor es la calidad del hombre, peor le va.  Hombres que caminaban por las calles de Nueva York con aquel maldito traje degradante, los despreciados, los más viles de los viles, que caminaban como alces, como pingüinos, como bueyes, como focas amaestradas, como asnos pacientes, como jumentos enormes, como gorilas locos, como maníacos dóciles mordisqueando el cebo colgado, como ratones bailando un vals, como cobayas, como ardillas, como conejos, y muchos, muchos de ellos estaban capacitados para gobernar el mundo, pare escribir el mejor libro del mundo jamás escrito. Cuando pienso en algunos de los persas, los hindúes, los árabes que conocí, cuando pienso en el carácter de que daban muestras, en su gracia, su ternura, su inteligencia, su santidad, escupo a los conquistadores blancos del mundo, los degenerados británicos, los testarudos alemanes, los relamidos y presumidos franceses. La Tierra es un gran ser sensible, un planeta saturado por completo con el hombre, un planeta vivo que balbucea y tartamudea, no es patria de la raza blanca, ni de la raza negra, ni de la raza amarilla, ni de la desaparecida raza azul, sino la patria del hombre y todos los hombres son iguales ante Dios y tendrán su oportunidad, sino ahora dentro de un millón de años."

Trópico de Capricornio - Henry Miller




jueves, 25 de octubre de 2012

la risa no es alegría



 "Llora y llorarás solo:   ¡mentira!   Llora y encontrarás un millón de cocodrilos que llorarán contigo. El mundo llora eternamente. El mundo está inundado de lágrimas. ¡La risa! con la risa es distinto. La risa es momentánea...pasa. Pero la alegría, la alegría es una especie de sangría estática, una forma de supersatisfacción que trasuda por todos los poros de tu ser. No puedes hacer que la gente se alegre con sólo sentirse "alegre".

 La alegría se basa en razones demasiado profundas como para ser comprendida o comunicada. Ser alegre es estar loco en un mundo de espectros tristes..."

Un domingo después de la guerra - Henry Miller