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viernes, 7 de diciembre de 2012

cosa de niños


“Cuando vieron a Etsuko, el hombre se acercó a ella y, con muy buenos modales, le preguntó:
-¿Sería usted tan amable de indicarnos dónde debemos dejar la carretera para salir a la estación de Okamachi de la línea Hankyu?
Cuando Etsuko les indicó el atajo a través de los campos de arroz y de las viviendas oficiales, el matrimonio se asombró de su correcto acento Tokio-Yamate. Los cuatro niños se juntaron rápidamente a sus padres, mirando a Etsuko sin disimulo. Un muchacho, de unos siete años, extendió su puño cerrado hasta casi tocarla. Luego entreabrió un poco los dedos y dijo:
-¡Mire!-
Aprisionado en la jaula formada por sus dedos, podía verse el cuerpo doblado de un saltamontes de color verde claro. En la oscuridad de su encierro, el animal extendía y retraía sus largas patas.
La chica mayor golpeó inesperadamente las manos de su hermano desde abajo. El saltamontes se escapó antes de que el muchacho pudiera reaccionar, dio dos largos saltos en el suelo, se lanzó hacia los arbustos que rodeaban la carretera y desapareció.
Inmediatamente se desató una pelea entre los dos hermanos, que los padres sofocaron sin dejar de reír. Todos saludaron respetuosamente a Etsuko y continuaron su lento paseo por el sendero que se abría entre los campos de arroz.”

Sed de amor - Yukio Mishima





domingo, 25 de noviembre de 2012

creciendo por el dolor


 "Nadie habla con las niñas. Ni ellas mismas se comunican. Pálidas, turbadas, sin sosiego, como los animales en una jaula, van de un lado a otro del cuarto, topándose a cada paso; se miran a los ojos, llorosos, y nada dicen. Lo saben todo. Saben que han sido engañadas, que todos los hombres pueden ser malos, ruines. Ya no aman a sus padres, no tienen fe en ellos. Saben que no deben tener confianza en nadie y que, desde ahora, la carga inmensa de la vida pesará sobre sus débiles hombros. Desde el borde de la infancia serena, se han caído en una abismo.  No pueden abarcar la cosa terrible que ha sucedido a su alrededor, pero su pensamiento se nutre de ello hasta ahogarse.  Arden sus mejillas y lucen sus ojos, nubosos y excitados. Como sintiendo el frío de su soledad, divagan ahora por la casa, y nadie, ni sus mismos padres, se atreven a dirigirles la palabra; tan hostilmente miran a todos. Su vagar continuo refleja la excitación de sus ánimos. Y sin que hablen, existe entre ellas una siniestra comunidad de afectos. El silencio, el impenetrable silencio sin una pregunta siquiera, la angustia cerrada y maliciosa sin un grito ni una lágrima, las hace hostiles a los demás; no se les acerca nadie; el acceso a sus almas está interrumpido tan vez por años. Todos los familiares se dan cuenta de que son enemigos, y de los que nunca pueden perdonar. Porque, desde ayer, han traspasado la infancia."

La institutriz - Stefan Zweig

jueves, 22 de noviembre de 2012

recuerdos embellecidos


 “¿Mi recuerdo más remoto? Tenía yo un aya tirolesa que se llamaba Paula. Pero no es ni siquiera un recuerdo, es el recuerdo de un recuerdo. Cuando yo tenía cinco años allá en mi vestíbulo, Paula no era ya mas que una leyenda. Mi madre, durante muchos años, nos decía cuando llegaba el año nuevo: "Hay una carta de Paula" Y para nosotros, los niños, esto constituía una gran alegría. Sin embargo, ¿porqué nos sentimos felices?  Ninguno de nosotros se acordaba de Paula. Había vuelto a su Tirol. Luego a su casa tirolesa.
-¿es linda Paula?
-Encantadora.
-¿Hace generalmente buen tiempo en el Tirol?
-Siempre.
Siempre hacía buen tiempo en el Tirol. Cuando supe escribir me hicieron escribir cartas a Paula. Le decía "Mi querida Paula, estoy muy contento de escribirte..." Era un poco como las oraciones, puesto que no la conocía...
Pero debajo de mi nube el mundo no es negruzco como yo creía presentirlo: es azul. Maravillosamente azul. Es la hora del crepúsculo y la llanura es azulada. En algunos sitios llueve. Azul de lluvia .¡ Cuántos zigzags hace el camino hacia la eternidad!...Pero este camino ¡qué tranquilo me parece! El mundo semeja un vergel. Hay árboles aislados o agrupados en pequeños paquetes.  Y uno los encuentra. Y campos verdes. Y casas, con tejas rojas, con alguien a la puerta. Y bellos aguaceros azules en torno. Sin duda Paula, cuando hacía ese tiempo, nos acompañaba pronto a casa...”

Piloto de guerra - Antoine de Saint Exupéry