"Otra vez la pampa. Se sonriò solo en la calle. De cualquier nada le saltaban los recuerdos de su pampa inolvidable. Le saltaban lo mismo que cuando, vagabundeando en las calicheras viejas, descalzo, con los sietecueros de sus talones humeàndole en lo quemante del suelo, de pronto percibìa que algo saltaba a su lado, algo invisible, àgil como un gnomo de aire o como un duendecillo travieso; algo que comenzaba a bailotear junto a èl, delgado y transparente primero, luego creciendo impetuoso, cucarro, agrandàndose hasta alcanzar el porte de un minero alto, ebrio de polvo y arena. Y el pequeño duendecillo se iba saltando cada vez màs, tornàndose màs fuerte, màs potente en su fuerza ciclònica, hasta llegar a transformarse en uno de esos gigantescos remolinos que atravesaban la pampa ovillando la tarde y el tedio. Colosales remolinos de arena que los niños llamaban colas del diablo, y que los màs intrèpidos perseguìan por las llanuras hasta alcanzarlos, y allì, metidos en el centro mismo del torbellino, con la arenilla azotàndoles la piel, arrancàndoles los botones de la camisa, metièndosele por los oìdos y narices, abrian los ojos asustados para verle la cara al Malo."
Himno del ángel parado en una pata - Hernán Rivera Letelier
"lo que se puede pensar se puede pensar claramente, lo que se puede decir se puede decir claramente, pero no todo lo que se puede pensar se puede decir."
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martes, 25 de septiembre de 2012
viernes, 14 de septiembre de 2012
costumbres de una región
"El poeta Mesana hacia poco rato que había llegado de la mina cuando la Flor Grande, una de las pocas niñas jóvenes de los buques, llorando impúdicamente por ojos y narices, irrumpió semidesnuda en su camarote.
Luego de su característico baño de cowboy -sólo de la cintura para arriba- , el poeta Mesana acababa de engullirse su acostumbrada porción de harina tostada, leche en polvo y agua hervida. Espesa mazamorra humeante que cada mañana, pausado, ceremonioso, en un ensimismado rito de pájaro solitario, se preparaba en uno de esos grandes tazones de regalo, desorejado y con el oro de la palabra Felicidades completamente desvaído. Cerrera mezcla de puro concreto armado, hermanito, por la concha, con que venía a reforzar el cadavérico pan con mortadela y la bolsita de té langucienta que por todo y gran desayuno le suministraban en la cantina."
La reina Isabel cantaba rancheras - Hernán Rivera Letelier
Luego de su característico baño de cowboy -sólo de la cintura para arriba- , el poeta Mesana acababa de engullirse su acostumbrada porción de harina tostada, leche en polvo y agua hervida. Espesa mazamorra humeante que cada mañana, pausado, ceremonioso, en un ensimismado rito de pájaro solitario, se preparaba en uno de esos grandes tazones de regalo, desorejado y con el oro de la palabra Felicidades completamente desvaído. Cerrera mezcla de puro concreto armado, hermanito, por la concha, con que venía a reforzar el cadavérico pan con mortadela y la bolsita de té langucienta que por todo y gran desayuno le suministraban en la cantina."
La reina Isabel cantaba rancheras - Hernán Rivera Letelier
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