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viernes, 7 de diciembre de 2012

cosa de niños


“Cuando vieron a Etsuko, el hombre se acercó a ella y, con muy buenos modales, le preguntó:
-¿Sería usted tan amable de indicarnos dónde debemos dejar la carretera para salir a la estación de Okamachi de la línea Hankyu?
Cuando Etsuko les indicó el atajo a través de los campos de arroz y de las viviendas oficiales, el matrimonio se asombró de su correcto acento Tokio-Yamate. Los cuatro niños se juntaron rápidamente a sus padres, mirando a Etsuko sin disimulo. Un muchacho, de unos siete años, extendió su puño cerrado hasta casi tocarla. Luego entreabrió un poco los dedos y dijo:
-¡Mire!-
Aprisionado en la jaula formada por sus dedos, podía verse el cuerpo doblado de un saltamontes de color verde claro. En la oscuridad de su encierro, el animal extendía y retraía sus largas patas.
La chica mayor golpeó inesperadamente las manos de su hermano desde abajo. El saltamontes se escapó antes de que el muchacho pudiera reaccionar, dio dos largos saltos en el suelo, se lanzó hacia los arbustos que rodeaban la carretera y desapareció.
Inmediatamente se desató una pelea entre los dos hermanos, que los padres sofocaron sin dejar de reír. Todos saludaron respetuosamente a Etsuko y continuaron su lento paseo por el sendero que se abría entre los campos de arroz.”

Sed de amor - Yukio Mishima





martes, 21 de agosto de 2012

calculando las palabras

“Me pregunto cuántas veces emplée la palabra “amor” aquella tarde de sábado. Afirmé que si yo estaba enamorado de Momoko estaba enamorada de mí  entonces debíamos unirnos para evitar una catástrofe, teníamos que escribir una carta engañosa.
La otra exigencia de Momoko, muy apropiada para una muchacha un tanto chapada a la antigua, era nada más que una afirmación puramente “espiritual”, y todo lo que se precisaba era una palabra o dos ¿Acaso las palabras, arrojando una clara sombra a su paso sobre la tierra, no han podido ser quizás el Yo esencial? Yo he nacido entonces para emplear las palabras. Si es así (estas frases sentimentales claro está que me molestan considerablemente) entonces quizás la lengua materna básica que he mantenido oculta es después de todo el lenguaje del amor.
Mientras que el propio paciente ignora la verdad, su familia sigue diciéndole que tenga la seguridad de que sanará. Así, con la más acuciante ansiedad murmuraba palabras y más palabras de amor a Momoko bajo la bella red de sombras de los árboles invernales”

La corrupción de un ángel - Yukio Mishima