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domingo, 29 de julio de 2012

so impatient, man

God  left the work to his hands,
which of course are very wise themselves, and although he was extremely curious to see what man might look like, he continued to gaze
fixedly down at the earth, where now, as if out of spite, not a leaflet
would stir. In order to have at least a little pleasure after all this
trouble, he had bidden his hands to show him man first before they
handed him over to life. Repeatedly he asked, as children ask when
they play hide-and-seek,   “Ready”?   But in answer he heard the kneading
of his hands and he waited. It seemed very long to him.
"Then suddenly he saw something falling through space, something
dark and apparently coming from quite near him. Filled with evil
foreboding, he called to his hands. They appeared, all blotched with,
clay, hot and trembling.
"'Where is man?' God thundered at them.
"The right hand flew at the left:   'You dropped him!'
" 'Excuse me,' countered the left, provoked, 'you insisted on doing it
all by yourself, you wouldn't even let me have anything to say.'
" 'But you ought to have held him.' And the right hand drew back as
if to strike, but then thought better of it, and both hands said together,
drowning each other's voices:
" 'He was so impatient, man. He was in such a hurry to live. It is
not our fault ; really, we are both innocent.'
"But God was seriously angry. He pushed both hands away, for they
blocked the earth from his sight. 'I have finished with you from now
on;   go and do as you like!'
"And that is what his hands have been trying to do ever since, but
whatever they start, they can only make a beginning. Without God
there is no perfection. And so at last they grew tired of it. Now they
are on their knees all day long, doing penance—at least, so it is said.   To
us, however, it appears as though God were resting, because he is angry
with his hands.   It is still the seventh day.





jueves, 19 de julio de 2012

lo que esconde la roca

"Dios se asomó entonces, ubicó al hombre que trabajaba, miró por encima de sus hombros, por sobre sus manos que escuchaban a lo largo de la piedra, y de pronto sintió miedo: ¿tendría un alma también la piedra? Y he aquí que sus manos se despertaron, y palparon la piedra como una tumba, en la que débilmente sonara una voz moribunda.
-Miguel Angel! - exclamó Dios, angustiado, -¿Quién está dentro de la piedra?
Miguel Angel prestó oídos; temblaron sus manos, y luego contestó con voz sorda: -Tú, Dios mío ¿Quién otro podría ser? Pero no puedo llegar hasta ti.
Y Dios comprendió, entonces, que él estaba también en la piedra, y se sintió inquieto y constreñido. Todo el cielo no era más que una piedra única, en cuyo centro estaba encerrado Dios, es espera de que las manos de Miguel Angel lo libertaran, sintiéndolas venir, pero muy lejanas.
El maestro, sin embargo, se hallaba de nuevo encorvado sobre su obra. No dejaba de pensar: "Eres un pequeño bloque, y nadie más que yo podría encontrar penosamente un hombre en medio de ti. Pero, yo advierto aquí un hombre: el de José de Arimatea, ahí se inclina María; yo siento sus manos temblorosas, soportando a Jesús, Nuestro Señor, muerto en la Cruz. ¿cómo no haré yo surgir a toda una raza dormida, de una roca?"
Con fuertes golpes, Miguel Angel libertó a las tres figuras de "La Pietá", pero no apartó enseguida los velos de piedra de sus rostros, como si temiera que la profunda tristeza de ellos se contagiara a sus manos y las paralizara. Fuese en busca de otra piedra. Pero en cada ocasión renunciaba a transmitir a una frente su claridad plena, a unas espaldas su más pura curvatura; y cuando formaba a una mujer, no dibujaba su sonrisa final en torno a su boca, para no traicionar de pronto su belleza."

Historias del Buen Dios - Rainer Maria Rilque

viernes, 6 de julio de 2012

diferentes contactos

"Me parece que no he conservado en mi corazón más que aquella sala, en la que acostumbrábamos a reunirnos para la comida, todas las tardes a las siete. No he visto nunca esta pieza de día, incluso no recuerdo si tenía ventanas, ni adonde daban. Siempre que la familia entraba, las bujías ardían en los pesados candelabros, y después de algunos instantes se olvidaba el día y todo lo que se había visto de fuera. Esta sala alta y, supongo que abovedada, era más fuerte que todo; su altura que se entenebrecía, sus ángulos jamás despojados de su misterio, absorbían poco a poco fuera de vosotros todas las imágenes, sin sustituirlas por un equivalente preciso. Se estaba sentado allí, como anulándose; sin la menor voluntad, sin placer ni defensa. Era como un lugar vacío. Me acuerdo que este anonadamiento comenzó a causarme un malestar, una especie de mareo al que no me sobreponìa mientras no conseguía, alargando la pierna, tocar con el pie la rodilla de mi padre, que se sentaba frente de mí. Hasta más tarde no me sorprendió el hecho de que parecía comprender, o por lo menos tolerar, estos extraños modales, a pesar de que nuestras relaciones, casi frías, no hacían explicable tal conducta. Sin embargo, este ligero contacto es lo que me daba fuerzas para soportar las largas comidas.

Yo pasaba casi el día entero en el parque, y fuera, en el bosque de hayas o en la pradera; afortunadamente había en Urnekloster perros que me acompañaban; había diseminadas granjas y alquerías, donde podía encontrar leche, pan y fruta, y creo que gozaba de mi libertad, de manera bastante despreocupada, sin dejarme inquietar, al menos durante las semanas que siguieron, por el pensamiento de los encuentros que me reservaba la noche. Yo no hablaba casi a nadie, pues mi gozo era estar solitario; solo tenía de vez en cuando cortas conversaciones con los perros, con ellos me entendía de maravilla.

Los cuadernos de Malte Laurids Brigge - Rainer Maria Rilke

martes, 19 de junio de 2012

para escribir un verso

¡los versos significan tan poco cuando se han escrito joven! Se debería esperar y saquear toda una vida, a ser posible una larga vida, y después, por fin, quizá se sabrían escribir las diez líneas que serían buenas. Pues los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen demasiado pronto), son experiencias. Para escribir un solo verso es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las florecitas al abrirse en la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hacía tiempo se veían llegar; en días de infancia cuyo misterio no está aún aclarado; en los padres a los que se mortificaba cuando traían una alegría que no se comprendía (era una alegría para otro); en enfermedades de infancia que comienzan tan singularmente, con tan profundas y graves transformaciones; en días pasados en las habitaciones tranquilas y recogidas, en mañanas al borde del mar, en mares, en noches de viaje que temblaban muy alto y volaban con todas sus estrellas -y no es suficiente incluso pensar en todo eso. Es necesario también tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a la otra, de gritos de parturientas, y de leves, blancas, durmientes paridas, que se cierran. Es necesario aún haber estado al lado de los moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que vienen a golpes. Y tampoco basta con tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar que vuelvan. Pues, los recuerdos mismos, no son aún esto. Hasta que se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos se eleve la primera palabra de un verso. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Los apuntes de Malte Laurids Brigge - Rainer M.Rilke