viernes, 14 de septiembre de 2012

costumbres de una región

"El poeta Mesana hacia poco rato que había llegado de la mina cuando la Flor Grande, una de las pocas niñas jóvenes de los buques, llorando impúdicamente por ojos y narices, irrumpió semidesnuda en su camarote.
Luego de su característico baño de cowboy -sólo de la cintura para arriba- , el poeta Mesana acababa de engullirse su acostumbrada porción de harina tostada, leche en polvo y agua hervida. Espesa mazamorra humeante que cada mañana, pausado, ceremonioso, en un ensimismado rito de pájaro solitario, se preparaba en uno de esos grandes tazones de regalo, desorejado y con el oro de la palabra  Felicidades completamente desvaído. Cerrera mezcla de puro concreto armado, hermanito, por la concha, con que venía a reforzar el cadavérico pan con mortadela y la bolsita de té langucienta que por todo y gran desayuno le suministraban en la cantina."

La reina Isabel cantaba rancheras - Hernán Rivera Letelier


jueves, 13 de septiembre de 2012

Breaking the clock

"Life in the district little resembled life in the places where the Luvers had always lived. Here, the greater part of the day was bare and tedious. There was nothing for the eye to revel in. Whatever it encountered or gazed upon was completely useless except, perhaps, for a birch rod or broom. Coal lay scattered about. Dirty dishwater was poured into the street and immediately grew white, turning to ice. At certain hours the street was full of ordinary people. Factory workers crawled through the snow like cockroaches. Tearoom doors were opened on pulleys and billows of soapy steam poured forth as from a laundry. It was strange as if it had become warmer in the street, as if it had turned to spring, when steaming shirts ran past, round-shouldered, and felt boots flashed by on skinny legs. The pigeons did not fear these crowds. They flew along the road to find some food. Was there a bit of millet, oats, or dung-seed scattered in the snow?  The pieman,´s stall was shining from the grease and warmth. This luster and heat fell into mouths rinsed with raw brandy. The grease inflamed their throats. And then it escaped along the road from their palpitating chests. Was it this that warmed the street?
And then suddenly it became deserted. Twilight fell. Peasant sleighs drove past empty, low sledges moved along swiftly carrying long -bearde men drowned in fur coats, who jokingly pulled the furs over their backs, hugging them bear-fashion. From the sleighs there fell tufts of dullish hay and the slow, sweet thaw of distant bells. The merchants vanished at the turning, beyond the birch grove, which at the distance resembled a paling pulled apart.
The very same crowds who scudded past over her own home, croaking freely, were now flying in her direction. Only here they did not croak. Here, shouting and flapping their wings, they hopped along the fences and then, suddenly, as if at a given signal, threw themselves up into the trees and in unison, nudging each other, took their places on the bare branches. Ah, how one felt then the lateness of the hour -how late it was in the whole world !  So late, ah, so very late, later than any clock could show ! "

The childhood of Luvers - Boris Pasternak


miércoles, 12 de septiembre de 2012

el compromiso en la balanza

"Le confieso que no me arrepentí de mi elección, pues, créame, como médico y justamente como médico, se tiene pocas veces la conciencia limpia. Se sabe cuán poco se puede ayudar realmente; como individuo aislado uno es impotente frente a la inmensidad de la miseria diaria. Sólo se sacan, como un dedal, unas cuantas gotas de un mar insondable, y los mismos a quienes hoy se ha curado, mañana se quejarán de otro mal. Se tiene siempre la sensación de haber sido demasiado dejado y negligente, y a ello se agregan los errores, las equivocaciones en que se incurre inevitablemente; y así queda por lo menos la bienhechora satisfacción de haber salvado una vida, de no haber defraudado una confianza y de haber cumplido como es debido con una causa. Al fin, uno ha de saber si sólo ha vivido sordo y tontamente, o si ha vivido para algo. Créame -y sentí, de pronto, su proximidad como algo cálido y casi tierno -. , vale la pena cargar con un peso si con ello se alivia la suerte de otro ser. "

Impaciencia del corazón - Stefan Zweig



martes, 11 de septiembre de 2012

una madre confundida


"Caminó hacia la puerta, la golpeó tras de sí. Permanecí de pie en el vestíbulo, pensando: volverá. Siempre volvía. No hubiera tenido coraje para resistir, hubiera llorado con él. Al cabo de cinco minutos regresé a la biblioteca, me senté y lloré, sola. "Mi muchachito..." ¿Qué es un adulto? Un niño inflado de edad. Lo despojaba de su edad, reencontraba sus doce años, imposible guardarle rencor. Y sin embargo no, era un hombre. Ninguna razón para juzgarlo menos severamente que otro. ¿Tengo corazón duro? ¿Hay gente capaz de querer sin estimar? ¿Dónde empieza, dónde termina la estima? ¿Y el amor? Si hubiera fracasado en su carrera universitaria, si hubiera tenido una vida mediocre, jamás le hubiera faltado mi ternura: porque habría tenido necesidad de ella. Si me hubiera vuelto inútil para él pero en la dignidad, habría continuado queriéndolo alegremente. Pero, al mismo tiempo, se me escapa y lo condeno. ¿Qué hacer con él?"

La mujer rota - Simone de Beauvoir


lunes, 10 de septiembre de 2012

no es verdad...


"Cuando le alcancé marchaba con paso rápido y decidido y me dijo solamente:
—¡Ah, estás ahí!
Me cogió de la mano y todavía se atormentó:
—Has hecho mal. Tendrás pena. Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad.
Yo me callaba.
—¿Comprendes? Es demasiado lejos y no puedo llevar este cuerpo que pesa demasiado.
Seguí callado.
—Será como una corteza vieja que se abandona. No son nada tristes las viejas cortezas...
Yo me callaba. El principito perdió un poco de ánimo. Pero hizo un esfuerzo y dijo:
—Será agradable  ¿sabes? Yo miraré también las estrellas. Todas serán pozos con roldana
herrumbrosa. Todas las estrellas me darán de beber.
Yo me callaba.
—¡Será tan divertido! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles y yo quinientos millones de fuentes..."


El Principito - Antoine de Saint Exupéry




viernes, 7 de septiembre de 2012

darse cuenta

"Amaranta en cambio, cuya dureza de corazón le espantaba, cuya concentrada amargura la amargaba, se le esclareció  en el último examen como la mujer más tierna que había existido jamás, y comprendió con una lastimosa clarividencia que las injustas torturas a que había sometido a Pietro Crespi no eran dictadas por una voluntad de venganza, como todo el mundo creía, ni el lento martirio que frustró la vida del coronel Gerineldo Márquez había sido determinado por la mala hiel de su amargura, como todo el mundo creía, sino que ambas acciones habían sido una lucha a muerte entre un amor sin medidas y una cobardía invencible, y había triunfado finalmente el miedo irracional que Amaranta le tuvo siempre a su propio y atormentado corazón. Fue por esa época cuando Úrsula empezó a nombrar a Rebeca, a evocarla con un viejo cariño exaltado por el arrepentimiento tardío y la admiración repentina, habiendo comprendido que solamente ella, Rebeca, la que nunca se alimentó de su leche sino de la tierra de la tierra y la cal de las paredes, la que no llevó en las venas sangre de sus venas sino la sangre desconocida de los desconocidos cuyos huesos seguían cloqueando en la tumba, Rebeca, la del corazón impaciente, la del vientre desaforado, era la única que tuvo la valentía sin frenos que Úrsula había deseado para su estirpe."

Cien años de soledad - Gabriel García Márquez

lo que marca la diferencia

" Además ¿para qué engañarse a sí mismo? ¡es la ocupación más vacía e imprevisora! A primera vista, lo particularmente feo en toda esa canalla de la ruleta era el respeto hacia lo que estaban haciendo, la seriedad y hasta la devoción con que todos rodeaban las mesas. Por eso aquí se marca tan definidamente la diferencia en entre el juego  mauvais genre y el que puede permitirse un hombre digno. Hay dos juegos: uno de caballeros y otro plebeyo, interesado, el juego de la chusma. Aquí se marca muy bien la diferencia, pero ¡qué infame es esta diferencia en el fondo! El caballero, por ejemplo, puede apostar cinco o diez luises, en contadas ocasiones más, aunque si es muy rico puede hacer apuestas de mil francos, pero sólo como un simple juego, como diversión, en realidad, para seguir el proceso de la ganancia o la pérdida; pero la ganancia misma no debe interesarle en absoluto. Si gana, puede, por ejemplo, soltar la risa, hacer una observación a alguno de los que lo rodean; puede incluso doblar una y otra vez  la puesta, pero únicamente por curiosidad, para calcular sus posibilidades y no movido por el plebeyo deseo de ganar."


El jugador - Fedor Dostovieski