lunes, 11 de marzo de 2013

buscando el equilibrio en la ironía


"Es de temer que Thomas Mann, lejos del humor y la ironía que le atribuían algunos de sus lectores y conocidos, estaba siempre aquejado de melancolía, indolencia, ataque de nervios, pánico y torturas sicológicas de variada índole, entre las que ocupaba un lugar destacado la irritación.  A excepción de Proust (pero tan de otro modo) , nadie como él explotó la asociación entre enfermedad y artisticidad, y en ese sentido puede decirse que desde siempre fue un anticuado, ya que dicho vínculo tenía al menos un siglo de vida cuando él publicó su primera novela, Los Buddenbroock, en 1901. Lo curioso del caso es que sus males y sus angustias eran de lo más estable: no le abandonaban en ninguno de los lugares en que se vio obligado a vivir, exiliado de Alemania desde antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, aunque después del Nobel, que recibió en 1929 con mucha naturalidad.  Lo que hace a su figura más noble es, a la postre, su inequívoca oposición al nazismo, desde el principio y hasta el final, aun cuando sus ideas políticas y apolíticas no fueran nunca muy claras ni quizás muy recomendables: lo que le parecía más deseable, en oposición tanto al fascismo como al liberalismo, era una "dictadura ilustrada", expresión en la que el adjetivo es demasiado vago y connotativo como para que no sea el sustantivo lo que prevalezca en todo caso."

Vidas escritas - Javier Marías


viernes, 1 de marzo de 2013

the best books


The best books are not read even by those who are called good readers. What does our Concord culture amount to? There is in this town, with a very few exceptions, no taste for the best or for very good books even in English literature, whose words all can read and spell. Even the college-bred and so-called liberally educated men here and elsewhere have really little or no acquaintance with the English classics; and as for the recorded wisdom of mankind, the ancient classics and Bibles, which are accessible to all who will know of them, there are the feeblest efforts anywhere made to become acquainted with them. I know a woodchopper, of middle age, who takes a French paper, not for news as he says, for he is above that, but to "keep himself in practice," he being a Canadian by birth; and when I ask him what he considers the best thing he can do in this world, he says, beside this, to keep up and add to his English. This is about as much as the college-bred generally do or aspire to do, and they take an English paper for the purpose. One who has just come from reading perhaps one of the best English books will find how many with whom he can converse about it? Or suppose he comes from reading a Greek or Latin classic in the original, whose praises are familiar even to the so-called illiterate; he will find nobody at all to speak to, but must keep silence about it. Indeed, there is hardly the professor in our colleges, who, if he has mastered the difficulties of the language, has proportionally mastered the difficulties of the wit and poetry of a Greek poet, and has any sympathy to impart to the alert and heroic reader; and as for the sacred Scriptures, or Bibles of mankind, who in this town can tell me even their titles? Most men do not know that any nation but the Hebrews have had a scripture. A man, any man, will go considerably out of his way to pick up a silver dollar; but here are golden words, which the wisest men of antiquity have uttered, and whose worth the wise of every succeeding age have assured us of;- and yet we learn to read only as far as Easy Reading, the primers and class-books, and when we leave school, the "Little Reading," and story-books, which are for boys and beginners; and our reading, our conversation and thinking, are all on a very low level, worthy only of pygmies and manikins.


Walden - Henry David Thoreau



miércoles, 27 de febrero de 2013

frutos no esperados

"EL primer resultado palpable de sus años como monje/escritor pudo observarse en las intensas y deliberadas observaciones de Ten New Songs.  Las diez nuevas canciones te emocionan y te llenan de consuelo, como si fueran un viejo y perdido amigo que reaparece contra toda esperanza.  Con una voz gruñona que parece emanar directamente de un útero, nos dice de qué se quiere soltar:  "No me fío de mis sentimientos íntimos; los sentimientos íntimos van y vienen"  Tras años de batallar contra el monstruo interno, por fin ha conseguido no hacerce caso de sí mismo.
Cuando, sin ninguna razón aparente, el manto de la depresión se retiró, la vida de Cohen no se hizo más fácil, sino más simple.  Así lo dice él:  "Desapareció el decorado de autoanálisis con el que había vivido. Me sucedió en una serie de grados imperceptibles y casi no me lo pude creer.  De hecho, durante un tiempo no me atreví a hacerlo.  Pensé que algo debía fallar por algún lado. Pero luego fue como beber un vaso de agua fría cuando tienes sed; cada papila de su lengua, cada molécula de tu cuerpo dice :  "Gracias" "

Leonard Cohen, un buscador de la verdad - Marc Hendrickx



viernes, 22 de febrero de 2013

un beso

"En la pared de una habitación de hotel de Burnie, Tasmania, un póster:  las calles de París, 1950; un hombre y una mujer jóvenes en el acto de besarse, el momento captado en blanco y negro por el fotógrafo Robert Doisneau.  El beso parece espontáneo. Una oleada de sentimiento se ha apoderado de los jóvenes en pleno movimiento: el brazo derecho de la mujer no devuelve (todavía no) el abrazo del hombre, sino que pende libre, con una curvatura en el codo que es exactamente el reverso del abultamiento de su seno.
Su beso no es sólo de pasión:  con ese beso se anuncia el mismo amor.  Uno puede reconstruir más o menos la historia de la pareja.  Son estudiantes.  Han pasado la noche juntos, su primera noche, se han despertado abrazados.  Ahora tienen que ir a clase. En la acera, en medio de la muchedumbre matinal, de repente el corazón del chico se siente inundado de ternura. También el de ella, ella está dispuesta a entregarse a él un millar de veces.  Así que se besan."

Diario de un mal año - J.M. Coetzee


miércoles, 20 de febrero de 2013

impulsos humanos

"Es indudable que Robert Louis Stevenson era caballeroso, pero no a ultranza, o digamos que lo era de la manera mas justa:  no hay auténtico caballero que no se haya portado como un rufián al menos una vez en su vida.  La vez de Stevenson pudo tener lugar en las cercanías de Monterrey, California, cuando sin querer prendió fuego a un bosque.  Se había declarado ya un incendio en otra zona, y se extendía tan rápidamente que Stevenson, con curiosidad científica, se preguntó si la causa sería el musgo que adorna y cubre los bosques californianos.  Para averiguarlo, no se le ocurrió otra cosa que aplicar una cerilla a un trozo, pero sin tener la precaución de arrancar antes del árbol un trozo de su experimento.  En un instante, el árbol se convirtió en una tea, con lo que sin duda Stevenson dio por concluída la prueba, y además satisfactoriamente.  Pero su comportamiento poco caballeroso vino después:  oyó gritos no muy lejos de los hombres que combatían el fuego original, y comprendió que no le cabía hacer sino una cosa: huir del lugar antes de ser descubierto.  Al parecer corrió como nunca lo había hecho en su vida y como sólo corren los hombres sabios y los cobardes"

Vidas Escritas - Javier Marías


sábado, 16 de febrero de 2013

la insaciable ilusión

"...pasamos toda nuestra vida con inquietas gestiones, renovadas sin cesar, ante las muchachas serias, a quienes su oficio parece alejar de nosotros.  Una vez en nuestros brazos, ya no son lo que eran, esa distancia que soñábamos con salvar ha sido suprimida, pero volvemos a empezar con otras mujeres, dedicamos a esas empresas todo nuestro tiempo, todo nuestro dinero, todas nuestras fuerzas, reventamos de rabia contra el cochero demasiado lento que tal vez nos haga perdernos la primera cita, nos da fiebre.  Sin embargo, sabemos que esa primera cita significará el desvanecimiento de una ilusión.  No importa: mientras ésta dura, queremos ver si podemos cambiarla, en realidad, y entonces pensamos en la lavandera  cuya frialdad hemos notado.  La curiosidad amorosa es como la que despiertan en nosotros los nombres de países:  siempre decepcionada, renace y sigue siempre insaciable."

La prisionera - Marcel Proust


miércoles, 13 de febrero de 2013

libertad en prosa

"Mis poemas eran la búsqueda de lo que yo llamaría una expresión unívoca. Expresaban lo que sentía en un momento determinado, como si nunca hubiera sentido nada antes ni fuera a sentirlo después.  Aludían a lo esencial, a las creencias más firmes, y su propósito era siempre alcanzar la pureza y la coherencia del lenguaje.  La prosa por otra parte, me ofrece la oportunidad de ordenar mis conflictos y contradicciones. Como todos los seres humanos, soy un ser múltiple y encarno una amplia gama de actitudes y reacciones ante el mundo. Un mismo hecho puede hacerme reír o llorar según mi estado de ánimo; puede inspirarme furia, compasión o indiferencia.  Escribir en prosa me permite incluir todas estas reacciones. Ya no tengo que elegir entre ellas."

Experimentos con la verdad - Paul Auster