viernes, 24 de agosto de 2012

ilusiones de pertenencia


La palabra secreta y sagrada que lo ata a la granja es "pertenencia". Cuando está solo en medio delveld puede pronunciar las palabras en voz alta : "La granja es el lugar al que pertenezco" Lo que cree de verdad pero no profiera, lo que guarda para sí por miedo a que se rompa el hechizo, es otra forma de decir la misma frase: "Yo pertenezco a la granja".
No se lo dice a nadie porque esa frase se puede confundir muy fácilmente, se puede tornar a la inversa muy fácilmente : "La granja me pertenece". La granja nunca le pertenecerá, nunca será más que un visitante: lo acepta. Pensar realmente que pueda vivir en Vöelfontein, que pueda llamar a la gran casa vieja su hogar, que ya no tenga que pedir permiso para hacer lo que le apetezca, le da vértigo; aparta el pensamiento de sí "Yo pertenezco a la granja": eso es a lo ´más lejos que puede llegar, incluso en lo más recóndito de su alma. Pero en lo más recóndito y secreto de su alma sabe lo que la granja a su modo sabe también: que Vöelfentein no pertenece a nadie. La granja es más grande que cualquiera de todos ellos. La granja es eterna. Cuando todos estén muertos, incluso cuando la casa esté en ruinas como lo están los rediles de la colina, la granja seguirá ahí.

Infancia - J M Coetzee

miércoles, 22 de agosto de 2012

significados de la dignidad

"Yo dije que era viudo. Se había casado muy joven, por dinero. De sus padres, que definitivamente se habían arruinado en Moscú, apenas heredó nada. Vasilievskoye estaba hipotecado y muy hipotecado, pesaban sobre él deudas enormes. El príncipe, que a la sazón tenia veintidós años y se había visto obligado a colocarse en Moscú en no sé qué oficina, no tenía ni un cópec y andaba por la vida como mísero vástago de añoso tronco. Su matrimonio con la hija de un labrador, vino  a salvarlo. El suegro, sin duda, lo engañó respecto a la dote. Pero, a pesar de todo, con los dineros de la mujer pudo rescatar  las tierras de su padre y recuperar la situación familiar. La hija del comerciante, la consorte del príncipe, apenas sabía escribir, no podía decir dos palabras seguidas y era fea. Pero poseía dignidad y era buena y dócil. El príncipe supo sacar pleno partido de aquella dignidad; al primer año de casados, después que ella lo hizo padre de un hijo, abandonó a su mujer en brazos del suegro en Moscú."

Humillados y ofendidos - Fedor Dostoievski


una cosa por otra


 Sigue dedicándose a la enseñanza porque le proporciona un medio para ganarse la vida, pero también porque así aprende la virtud de la humildad, porque así comprende con claridad cuál es su lugar en el mundo. No se le escapa la ironía, a saber, que el que va a enseñar aprende la lección más profunda, mientras que quienes van a aprender no aprenden nada. Es uno de los rasgos de su profesión que no comenta con Soraya. Duda que exista una ironía capaz de estar a la altura de la que vive ella en la suya.

Desgracia - J M Coetzee

martes, 21 de agosto de 2012

calculando las palabras

“Me pregunto cuántas veces emplée la palabra “amor” aquella tarde de sábado. Afirmé que si yo estaba enamorado de Momoko estaba enamorada de mí  entonces debíamos unirnos para evitar una catástrofe, teníamos que escribir una carta engañosa.
La otra exigencia de Momoko, muy apropiada para una muchacha un tanto chapada a la antigua, era nada más que una afirmación puramente “espiritual”, y todo lo que se precisaba era una palabra o dos ¿Acaso las palabras, arrojando una clara sombra a su paso sobre la tierra, no han podido ser quizás el Yo esencial? Yo he nacido entonces para emplear las palabras. Si es así (estas frases sentimentales claro está que me molestan considerablemente) entonces quizás la lengua materna básica que he mantenido oculta es después de todo el lenguaje del amor.
Mientras que el propio paciente ignora la verdad, su familia sigue diciéndole que tenga la seguridad de que sanará. Así, con la más acuciante ansiedad murmuraba palabras y más palabras de amor a Momoko bajo la bella red de sombras de los árboles invernales”

La corrupción de un ángel - Yukio Mishima


the birthmark was the test

You have no idea what that story did to me. I kept reading it, kept thinking about it, and little by little I began to see myself as I was. Other people carried their humanity inside them, but I wore mine on my face. That was the difference between me and everyone else. I wasn´t allowed to hide who I was. Every time people looked at me, they were looking right into my soul. I wasn´t a bad-looking girl -I knew that- but I also knew that I would always be defined by the purple blotch on my face. There was no use in trying to get rid of it. It was the central  fact if my life, and to wish it away would have been like asking to destroy myself. I was never going to have and ordinary kind of happiness, but after I read that story, I realized that I had something almost as good. I knew what people were thinking. All I had to do was look at them, study their reactions when they saw the left side of my face, and I could tell whether they could be trusted or not. The birthmark was the test of their humanity. It measured the worth of their souls, and if I worked hard at it, I could see straight into them and know who they were. By the time I was sixteen or seventeen, I had the perfect pitch of a tuning fork. That doesn´t mean I haven´t mistakes about people, but most of the time I´ve known better. I just haven´t been able to stop myself.


The book of illusions - Paul Auster


domingo, 19 de agosto de 2012

sobrepasado por la inmensidad

“En cierta ocasión, había asistido a una escena familiar para los habitantes de Ostende. Llevaron ante el mar a un niño que nunca lo había visto y, para que su impresión fuese más fuerte, le habían vendado los ojos. Una vez en el dique, le quitaron bruscamente la venda y el niño miraba angustiado ese horizonte demasiado vasto; le flaqueaban las piernas, como si hubiese perdido pie, como si se hubiese sentido atraído por el abismo del universo. Por último, preso de un impulso de pánico, se aferró a las piernas de su padre, a las faldas de su madre y estalló en sollozos.”

El alcalde de Furnes - Georges Simenon


El ojo que mira

"Un día, cuando estaba quitando las hojas muertas de mis rosales, se me ocurrió hacer un acto simbólico. Esto no tiene nada extraño. ¿Acaso no se yerguen los hombres muchas veces en la cima de un monte con los brazos extendidos, no se arrodillan a veces en oración y se santiguan? Arranqué una rosa y la lancé al aire y cayeron sobre mí los pétalos como la lluvia. Era como si aquel acto resumiera y explicara toda la historia de mi vida en un gesto. Luego me dejó absorto la belleza de los pétalos blancos sobre la tierra negra y me olvidé del símbolo. Y lancé otra y otra más, hasta que el suelo quedó cubierto de pétalos de rosa. Y alcé de pronto la vista y vi una docena de individuos que me miraban y se reían de mí. Habían venido de la iglesia y decían "Robert ha perdido la razón je je ..está completamente chiflado". Parecía que sólo un dios demente podría permitir eso.
-¡Ay Robert! dijo M. ¿Por qué tienes que acusar al mundo cuando se protege de ti? Creo que para ti Dios y el mundo son la misma cosa. Si abajo en el valle hubieran diez personas a las que les gustara ver los pétalos de rosas en el suelo, no serías más que una persona muy rara, interesante y un tanto curiosa. Llevarían a los forasteros a tu casa los domingos por la tarde y te exhibirían. Pero como no hay ninguno, naturalmente tú eres un radical que ha de ser encerrado y ahorcado. Juzgar loco a un hombre es como ahorcar su mente.
Si se murmura su mente divaga, nada de lo que diga importará a nadie ya nunca más, más que como un motivo de risa.
"No comprendes, Robert?" La gente se ha visto con tanta frecuencia herida atrapada y torturada por ideas y enredos que no comprendía que ha llegado a creer que todo lo que desborda su comprensión es depravado y malo, cosas que ha de extirpar y destruir el primero que llegue."

La taza de oro - John Steinbeck