"Muchos de los amigos de González Videla, gente que lo acompañó hasta el fin en sus trajines electorales, fueron llevados a prisiones en la alta cordillera o en el desierto por disentir de su metamorfosis.
La verdad es que la envolvente clase alta, con su poderoso poderío económico, se había tragado una vez más al gobierno de nuestra nación, como tantas veces había ocurrido. Pero en esta oportunidad la digestión fue incómoda y Chile pasó por una enfermedad que oscilaba entre la estupefacción y la agonía.
El presidente de la república, elegido por nuestros votos, se convirtió, bajo la protección norteamericana, en un pequeño vampiro vil y encarnizado. Seguramente sus remordimientos no lo dejaban dormir, a pesar de que instaló, vecinas al palacio de gobierno, garzonieres y prostíbulos privados, con alfombras y espejos para sus deleites. El miserable tenía una mentalidad insignificante, pero retorcida. En la misma noche que empezó su gran represión anticomunista invitó a cenar a dos o tres dirigentes obreros. Al terminar la comida bajó con ellos las escaleras del palacio y, entre lágrimas, los abrazó diciéndoles: "Lloro porque he ordenado encarcelarlos. A la salida los van a detener. No sé si nos veremos más"
Confieso que he vivido - Pablo Neruda
"lo que se puede pensar se puede pensar claramente, lo que se puede decir se puede decir claramente, pero no todo lo que se puede pensar se puede decir."
lunes, 1 de octubre de 2012
sábado, 29 de septiembre de 2012
esos trenes
"Mi padre se llamaba simplemente José del Carmen. Salió muy joven de las tierras paternas y trabajó de obrero en los diques del puerto de Talcahuano, terminando como ferroviario en Temuco.
Era conductor de un tren lastrero. Pocos saben lo que es un tren lastrero. En la región austral, de grandes vendavales, las aguas se llevarían los rieles si no se les echara piedrecillas entre los durmientes. Hay que sacar en capachos el lastre de las canteras y volcar la piedra menuda en los carros planos. Hace cuarenta años la tripulación de un tren de esta clase tenía que ser formidable. Venían de los campos, de los suburbios, de las cárceles. Eran gigantescos y musculosos peones. Los salarios de la empresa eran miserables y no se pedían antecedentes a los que querían trabajar en los trenes lastreros. Mi padre era el conductor del tren. Se había acostumbrado a mandar y a obedecer. A veces me llevaba con él. Picábamos piedra en Boroa, corazón silvestre de la frontera, escenario de los terribles combates entre españoles y araucanos."
Confieso que he vivido - Pablo Neruda
Era conductor de un tren lastrero. Pocos saben lo que es un tren lastrero. En la región austral, de grandes vendavales, las aguas se llevarían los rieles si no se les echara piedrecillas entre los durmientes. Hay que sacar en capachos el lastre de las canteras y volcar la piedra menuda en los carros planos. Hace cuarenta años la tripulación de un tren de esta clase tenía que ser formidable. Venían de los campos, de los suburbios, de las cárceles. Eran gigantescos y musculosos peones. Los salarios de la empresa eran miserables y no se pedían antecedentes a los que querían trabajar en los trenes lastreros. Mi padre era el conductor del tren. Se había acostumbrado a mandar y a obedecer. A veces me llevaba con él. Picábamos piedra en Boroa, corazón silvestre de la frontera, escenario de los terribles combates entre españoles y araucanos."
Confieso que he vivido - Pablo Neruda
el círculo del agua
“La fuente: nido del agua. Allí se constituye, emplumándose como un ave.
Primero pía, levantando el pico hambriento hacia la lluvia que
desciende. ¿El agua nace de ser plantada? ¿O de la piedra que se
convierte, al lavarse el tiempo en sus propias lágrimas? Nadie lo sabe, nadie
lo vio jamás. El parto del agua no tiene testigos: aparecemos
siempre después.
Quien busca la fuente, escuche primero su fresco chasquido. Solo
después, arrastre los ojos entre la piedra y la hierba. Deje allí su mirar
detenido hasta que el alma, en ese recoveco por el que se distrae de nosotros,
se sienta mojada y más que halagada, alaguada. Verá entonces cómo el agua
se hincha a sí misma. Abriendo sus márgenes, soltando sus alas. Comienza el
viaje del río continuo.
El río, caligrafía del agua. Desde lo alto, parece un surco de metal
transfluyente. Limpio y solemne. Más de cerca se ve que, en las orillas, se
encabrita, contagiándose de tierra. El río ora besa, ora muerde la orilla.
Entre la caricia y el rasguño, se forman sus inciertos rumores de
amante. En su interior corren ondulantes gacelas. En ese tropel, el lecho se
convierte en sabana azul, África licuando su carne térrea. El continente se
oceanifica.
Pero el agua solo desnuda está completa. De esta forma, se distingue de
la tierra. La tierra exige cobertura, requiere construcciones. Mientras
que el agua se cobija en su propia piel. En tal desnudez, nunca se abrió surco
alguno, ninguna arruga se dibujó. Los hombres hieren la tierra, cubren de
golpes el suelo. Pero hasta ahora nadie fue capaz de herir al río ni
dejar escrita en él una cicatriz.
El río de mi infancia: acento de la tierra, pronunciación de la
propia vida. Ese río corre no por el mundo sino por mí. Como si yo fuera
natural del agua y no de un lugar terreno. En ocasiones fluye manso, diluyendo
los amargos escondrijos, consolando las aristas de mi edad. En otras, hondo y
espeso, casi imita el fuego. Entonces , me ensombrezc o en su
corriente. Y dudo ¿ahogarme y morir en el agua o en el fuego?
Al final, la furia es breve. El río simplemente se lavaba de la muerte,
sacudiendo restos de mí que se desbordan por el torrente.
El valor del río es su caminar suicida hacia el mar. La bondad del
agua es su incansable retorno al regazo de la vida.”
jueves, 27 de septiembre de 2012
agudizando los sentidos
"Avanzamos unos pasos más, sentimos que abrían una puerta y nos detuvimos con la sensación de que ibamos a ser enterrados vivos; no nos distinguíamos ya y empezábamos a experimentar desagrado al rozarnos unos con otros. Nos empujaron de nuevo y entramos más en las oscuridad, dándonos cuenta, por el ruido de una puerta que se cerraba, de que estábamos ya en la tumba, cloaca o calabozo que se nos tenía reservado y cuyo tamaño y forma estaban también hundidos en la sombra. Nos quedamos de pie en silencio, sintiéndonos definitivamente extraños entre nosotros; no había ya rostros, no había ya cuerpos, no había ya voces; el silencio la oscuridad nos separaban y anulaban, nos perdíamos unos para otros y al perdernos nos desconocíamos. Por lo demás, el hombre que rozaba nuestro brazo o aquel cuya espalda sentíamos contra nuestro hombro ¿había venido con nosotros o estaba allí antes de nuestra llegada? Si estaba ya, ¿quién era?
Durante largo rato permanecí en el sitio en que quedara al cerrarse la puerta; pero no podía estar así toda la noche; era preciso encontrar por lo menos un muro en qué afirmarme. ¿Dónde estaban los muros? Intenté penetrar la oscuridad y me fue imposible. Me parecía, en ciertos momentos, que no existían muros sino rejas, exclusivamente rejas, como en una jaula para animales; en otros, que el calabozo estaba dividido por algo como oscuros velos, inútilmente delgados. Cerré los ojos y cuando los abrí percibí ciertos resplandores muy tenues, que flotaban en el aire y que se desplazaban con lentitud, desvaneciéndose y reapareciendo; cerré de nuevo los ojos, y mientras los mantenía cerrados me di cuenta de que los resplandores continuaban apareciendo y desapareciendo: se producían en mis ojos. Aquello me convenció de la inutilidad de mis esfuerzos y decidí avanzar hacia donde fuese; dí un paso hacia la derecha y mi pié tropezó con algo que se encogió con rapidez."
Hijo de ladrón - Manuel Rojas
Durante largo rato permanecí en el sitio en que quedara al cerrarse la puerta; pero no podía estar así toda la noche; era preciso encontrar por lo menos un muro en qué afirmarme. ¿Dónde estaban los muros? Intenté penetrar la oscuridad y me fue imposible. Me parecía, en ciertos momentos, que no existían muros sino rejas, exclusivamente rejas, como en una jaula para animales; en otros, que el calabozo estaba dividido por algo como oscuros velos, inútilmente delgados. Cerré los ojos y cuando los abrí percibí ciertos resplandores muy tenues, que flotaban en el aire y que se desplazaban con lentitud, desvaneciéndose y reapareciendo; cerré de nuevo los ojos, y mientras los mantenía cerrados me di cuenta de que los resplandores continuaban apareciendo y desapareciendo: se producían en mis ojos. Aquello me convenció de la inutilidad de mis esfuerzos y decidí avanzar hacia donde fuese; dí un paso hacia la derecha y mi pié tropezó con algo que se encogió con rapidez."
Hijo de ladrón - Manuel Rojas
miércoles, 26 de septiembre de 2012
¿a quién le importan los motivos?
"Antes de irse a la cama aquella primera noche en que fueron ricos, la pareja decidió que debían celebrarlo. La idea era dar una gran fiesta. Pero ¿cómo se lo explicarían a los demás , a los hijos y vecinos? No podían revelar que el motivo de la celebración era que eran ricos. Sally estaba deseoso, ansioso de hacerlo, pero Aleck le refrenó y no se lo permitió. Le dijo que, aunque era como si el dinero ya estuviese en sus manos, sería mejor esperar a que realmente lo estuviera. Esa fue la postura que adoptó la mujer, y no hubo manera de sacarla de ahí. Debían mantener el secreto, dijo, ocultarlo ante sus hijas y ante todo el mundo.
Aquello planteaba un delicado problema a la pareja. Debían celebrar su fortuna, estaban determinados a hacerlo, pero, dado que debían mantenerlo en secreto, ¿qué motivo podrían aducir para el festejo? No había ningún cumpleaños hasta tres meses. Tampoco les servía el pretexto de Tilbury: por lo visto iba a vivir eternamente. ¿qué diablos podía celebrarse en aquella nación? Así fue como lo expresó Sally, y se le empezaba a agotar la paciencia, y se sentía agobiado. Pero al final dio con ello -como por pura inspiración, según le pareció a él- , y todos sus problemas se esfumaron al instante: celebrarían el descubrimiento de América ¡qué idea tan magnfíca!
Un legado de treinta mil dólares - Mark Twain
Aquello planteaba un delicado problema a la pareja. Debían celebrar su fortuna, estaban determinados a hacerlo, pero, dado que debían mantenerlo en secreto, ¿qué motivo podrían aducir para el festejo? No había ningún cumpleaños hasta tres meses. Tampoco les servía el pretexto de Tilbury: por lo visto iba a vivir eternamente. ¿qué diablos podía celebrarse en aquella nación? Así fue como lo expresó Sally, y se le empezaba a agotar la paciencia, y se sentía agobiado. Pero al final dio con ello -como por pura inspiración, según le pareció a él- , y todos sus problemas se esfumaron al instante: celebrarían el descubrimiento de América ¡qué idea tan magnfíca!
Un legado de treinta mil dólares - Mark Twain
martes, 25 de septiembre de 2012
duendecillo de arena
"Otra vez la pampa. Se sonriò solo en la calle. De cualquier nada le saltaban los recuerdos de su pampa inolvidable. Le saltaban lo mismo que cuando, vagabundeando en las calicheras viejas, descalzo, con los sietecueros de sus talones humeàndole en lo quemante del suelo, de pronto percibìa que algo saltaba a su lado, algo invisible, àgil como un gnomo de aire o como un duendecillo travieso; algo que comenzaba a bailotear junto a èl, delgado y transparente primero, luego creciendo impetuoso, cucarro, agrandàndose hasta alcanzar el porte de un minero alto, ebrio de polvo y arena. Y el pequeño duendecillo se iba saltando cada vez màs, tornàndose màs fuerte, màs potente en su fuerza ciclònica, hasta llegar a transformarse en uno de esos gigantescos remolinos que atravesaban la pampa ovillando la tarde y el tedio. Colosales remolinos de arena que los niños llamaban colas del diablo, y que los màs intrèpidos perseguìan por las llanuras hasta alcanzarlos, y allì, metidos en el centro mismo del torbellino, con la arenilla azotàndoles la piel, arrancàndoles los botones de la camisa, metièndosele por los oìdos y narices, abrian los ojos asustados para verle la cara al Malo."
Himno del ángel parado en una pata - Hernán Rivera Letelier
Himno del ángel parado en una pata - Hernán Rivera Letelier
viernes, 21 de septiembre de 2012
shaking off the bad
"I am opressed by one particular memory of a distant past. It came back vividly to my mind a few days ago, and has remained haunting me like an annoying tune that one cannot get rid of. And yet I must get rid of it somehow. I have hundreds of such reminiscences; but at times some one stands out from the hundred and oppresses me. For some reason I believe that if I write it down I should get rid of it. Why not try?
Besides, I am bored, and I never have anything to do. Writing will be a sort of work. They say work makes man kind-hearted and honest. Well, here is a chance for me, anyway.
Snow is falling to-day, yellow and dingy. It fell yesterday too, and a few days ago. I fancy it is the wet snow that has reminded me of that incident which I cannot shake off now. "
Notes from the Underground - Fedor Dostoievski
Besides, I am bored, and I never have anything to do. Writing will be a sort of work. They say work makes man kind-hearted and honest. Well, here is a chance for me, anyway.
Snow is falling to-day, yellow and dingy. It fell yesterday too, and a few days ago. I fancy it is the wet snow that has reminded me of that incident which I cannot shake off now. "
Notes from the Underground - Fedor Dostoievski
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